Fracaso.

Nunca lo había tenido fácil, y siempre había consciente de ello.

Todo en su vida se le había presentado cuesta arriba, exigiendo por su parte de un gran tesón y esfuerzo para conseguir algún pequeño rédito.
Por ello nunca se había sentido afortunado, mientras veía como lo mismo que a él se le negaba a otros parecía llegarles 'rodado'.

Pero en compensación, entendía él, había sido recompensado con un gran tesón y capacidad de trabajo, que siempre había empleado en seguir luchando en lugares en los que otros se habrían dejado caer en los brazos de la derrota.

Durante mucho tiempo creyó, o quiso creer, que aquello le ponía un punto por encima de todos aquellos engreídos que conseguían todo sin esfuerzo, puesto que él si apreciaba las pequeñas recompensas que había ido consiguiendo y las valoraba en consonancia al esfuerzo que le habían supuesto.

Si hubiese sido creyente, habría pensado que como el Santo Job estaba ante una prueba de fe, que Dios ponía ante él para probar su condición especial.
Pero su mente era demasiado despierta, analítica e inquieta como para haber tan siquiera considerado la posibilidad de abrazar una religión, y menos aún como consuelo de sus visicitudes.

Así, durante muchos años evitó el fijarse en lo que otros conseguían, centrándose en sus propios logros, sintiéndose orgulloso de sus sacrificios y esfuerzos.


Pero aquel día, algo había cambiado... no en su entorno, no en el trabajo, no en su día a día. El cambio era mucho más cercano, había surgido, como aparecido de la nada, en su interior.

En ese momento no recordaba por qué, pero de repente se había encontrado, como muchas otras veces, hilvanando un pensamiento tras otro, de forma casi inconsciente, saltando de una idea a otra, asociando conceptos.
Solo que en lugar de acabar en una idea que suponía una solución al problema que se encontraba analizando, se encontró con algo tan oscuro y negativo que no podía abandonarlo. Quiso resistirse a centrar su atención sobre ella, como si supiera que no podía ser nada bueno, pero como un agujero negro atrae todo a su alrededor, él se sintió terriblemente atraído a prestarle más atención.

Y empezó a sentir como aquel pensamiento negativo se hacía un hueco en su estómago, adueñándose de su interior y mostrando unas raices más profundas de las que había creído que podía tener.
Sus hasta entonces logros se tornaron pequeños premios de consolación, el orgullo de haberlos logrado a base de esfuerzo y trabajo a parecerse más a un montón de baldíos esfuerzos y tiempo malgastado, sintiendo entonces el peso de la dura y triste realidad sobre sus hombros.

Nada era lo que siempre le había parecido, ni tampoco había nada por lo que sentir especial orgullo. Había sido absurdo y un autoengaño haber creído que sus pequeños 'triunfos' eran dignos de elogio, no era nadie especial por emplear más esfuerzo en obtener lo que otros casi se encontraban de frente. No tenía valor más allá de la autocomplacencia ese estúpido orgullo por las pocas cosas que había logrado.

No era más que un gran fracaso, ya fuese por propia incompetencia o por designios del azar, incapaz de obtener auténticos logros.
Y donde él había creído ver algún signo de admiración por parte de quienes le rodeaban, en realidad no había más que una relación de conveniencia.
Su tesón, su esfuerzo, su sacrificio en pro de obtener metas que le llevasen a esos sueños imposibles que siempre perseguía, eran usados por terceros en su propio beneficio, aquellos que realmente terminaban obteniendo las recompensas con las que él solo soñaba.

Se había convertido, a ojos de los demás, en una útil herramienta a usar que se contentaba con muy poco a cambio de realizar su labor.

Sus sueños, todos inalcanzados y lejanos, dejaron de ser lo que le movían para adoptar la forma de una sonrisa burlona que parecía reirse de su estúpido idealismo.
Aquellos rostros sonrientes, dejaron de ser los de aquellos que creía sus amigos para pasar a ser los de quienes le manejaban como una marioneta.

Irónicamente, su único triunfo era ser consciente de todos sus fracasos y reconocer su naturaleza de perdedor.

Si todos tenían derecho a algún pequeño triunfo y 5 minutos de gloria, a él alguien le había robado una vida. Y empezó a sentirse enjaulado en una vida que no era la suya...


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