El mercado laboral se desangra. Pero no sólo en términos cuantitativos. También cualitativos. Lo dicen los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), que revelan una cifra singular. Nada menos que 562.100 jóvenes con edades comprendidas entre 20 y 29 años son considerados inactivos por las estadísticas oficiales. O lo que es lo mismo, son inactivos porque no cumplen ninguno de los requisitos exigidos para ser considerados población activa: ni estudian, ni trabajan, ni buscan de forma activa un empleo, lo que obligaría al INE a catalogarlos como parados.
Es decir, que los que vienen detrás nuestra no están dispuestos a entrar en el juego de los contratos basura, becas de 300€, salarios de 700€ y demás basura que copa el mercado laboral de los menores de 30 años.
Pero... ¿les podemos culpar? ¿podemos llamarles 'vagos' por no querer venderse por tan poco (como dicen algunos comentarios en la noticia original)?
Yo no puedo, porque les entiendo.
Con 35 años aún tengo compañeros que después de mucho estudiar y mucho trabajar, ganan 1000-1200€ al mes, que vienen de fuera de Madrid y deben de compartir piso para poder sobrevivir aquí mientras ganan experiencia, o que con más de 30 años y muchas promesas siguen sin ver claro su futuro.
Así pués, si los que nos observan desde su juventud ven cómo la mayoría de nuestra generación las pasa canutas, deciden que ESO no es lo que ellos quieren, ¿cómo culparles?
Pero claro, también entiendo que haya preocupación... si no entra 'carne fresca' al mercado laboral, los empresarios tendrían que empezar a pagar más para que los trabajos sean atractivos.
Y si pagas más a los que empiezan, los que llevan años esperando alguna mejora se mosquearán y exigirán que también se les mejore a ellos.
Y al final, los que están más arriba (muchos de ellos por simple enchufe o porque estaba aquí antes) igual ven peligrar sus privilegiadas posiciones, sus cuantiosos bonos anuales y sus salarios abrumadores (comparados con los que llegaron después).
Pero vamos, esto no es nuevo, y Alfredo de Hoces ya hablaba del tema como os dije en su día, en esta entrada en su blog.
Pues les pasa que sus almas están presas en una trampa y eso les duele, y nadie parece comprenderles. Que sus instintos gritan a una razón que ha sido estupidizada. Que están cabreados y no pueden articularlo porque ciertas palabras están prohibidas. A los jóvenes de hoy no les importa nada porque nadie les enseña nada que de verdad valga la pena. Los jóvenes de hoy no tienen metas porque ya no quedan metas. Viven en una triste farsa y no tienen sueños a los que aferrarse. A los jóvenes de hoy se les vende esta mierda de realidad con tan bonitos eufemismos que no pueden entender por qué no son felices. Los jóvenes de hoy no se drogan, se automedican una depresión tan profunda que ni siquiera son conscientes de ella.
Alfredo de Hoces en '¿Qué les pasa a los jóvenes?'